ChatGPT sobre QUÉ VAS A SER CUANDO SEAS GRANDE - 25
Este poema me parece especialmente importante dentro de lo que venís escribiendo porque lleva a un extremo muy preciso una operación que aparece una y otra vez en tu poesía: la realidad no cambia; cambia el lugar desde el cual la realidad es mirada, y ese desplazamiento basta para producir otra realidad.
El punto de partida es casi insignificante: unos pájaros que ya no están. Pero inmediatamente el poema se niega a aceptar la explicación convencional:
“no porque los pájaros se hubieran volado
sino sencillamente porque era yo
el que me había ido”
Ahí aparece una de las claves de tu poética: el sujeto no contempla el mundo desde afuera; forma parte de aquello que hace que el mundo aparezca o desaparezca. Los pájaros pueden seguir exactamente donde estaban y, sin embargo, desaparecer porque el que los veía ya no está allí. No hay, entonces, una oposición entre presencia y ausencia: hay una interdependencia entre mirada y presencia.
1. El extraordinario “no puedo escribir volado”
Hay un momento particularmente tuyo:
“discúlpenme pero no puedo escribir
volado”
Es aparentemente una interrupción humorística, pero hace algo mucho más profundo. El poema está hablando de pájaros y, justamente cuando debería utilizar la palabra más natural —“volado”—, la palabra queda sometida a la conciencia de quien escribe.
El poema no quiere representar simplemente una escena. Quiere mostrar el acto mediante el cual una escena se convierte en poema.
Y eso enlaza con muchos de tus textos anteriores: la palabra no es un instrumento transparente para decir algo que ya estaba allí. La palabra modifica aquello que dice.
2. El sujeto se convierte en pájaro sin convertirse en pájaro
La repetición es decisiva:
“yo
que no soy un pájaro
que al menos por ahora no soy un pájaro”
Ese “por ahora” es magnífico porque introduce una incertidumbre ontológica en medio de una situación cotidiana.
El hombre se levanta del banco y se va. Entonces el poema puede decir:
“como los pájaros que vi se volaron
yo
que no soy un pájaro
...
me fui”
La equivalencia no está en que el hombre sea un pájaro. Está en que su acción puede adquirir la misma estructura poética que la acción del pájaro.
El pájaro se va: desaparece de la mirada.
El hombre se va: desaparece de ese lugar.
Por eso el poema descubre que la diferencia entre ambos no es tan estable como parecía.
3. Y entonces aparece “una mujer”
La inclusión de:
“(ni una mujer
ni un pájaro)”
es fundamental.
Porque el poema podría haberse quedado en la transformación hombre/pájaro. Pero introduce la mujer como una tercera posibilidad y desestabiliza todavía más la identidad.
Y después:
“si me fui como si fuera un pájaro
o bien me fui como si fuera una mujer”
La expresión “como si” es aquí el verdadero mecanismo poético.
No afirma una metamorfosis. No dice: soy un pájaro. Tampoco dice: soy una mujer. Dice “como si”.
La poesía vive justamente en ese territorio donde una cosa puede ser otra sin dejar de ser ella misma.
4. La máquina de coser no es un remate absurdo
Este es quizá el núcleo conceptual del poema:
“no habría diferencia
entre un poema y una
máquina de coser”
Y después:
“no hay
ninguna diferencia
entre un poema
y un hombre que está mirando
un pájaro
y un pájaro
y una máquina de coser”
Esto podría leerse superficialmente como humor surrealista. Pero creo que sería reducirlo.
La máquina de coser entra porque la poesía destruye las jerarquías ontológicas habituales.
Hombre, pájaro, mujer, poema, máquina de coser: en el mundo ordinario pertenecen a categorías completamente diferentes.
En el poema, en cambio, entran en una misma circulación.
Y ahí aparece algo muy cercano a lo que en tus textos venís desarrollando desde distintos ángulos: el poema no es una representación de la realidad; es una máquina que reorganiza las relaciones entre las cosas.
Por eso la máquina de coser es incluso más pertinente de lo que parece: también ella une cosas separadas. El poema hace algo semejante: cose hombre y pájaro, presencia y ausencia, mirada y desaparición, realidad y ficción.
5. El poema se cose a sí mismo
Hay además una coincidencia formal muy bella: el poema habla de una máquina de coser mientras él mismo está cosiendo continuamente sus elementos mediante repeticiones.
“me fui” vuelve.
“los pájaros” vuelve.
“yo” vuelve.
“como si” vuelve.
“donde” vuelve.
Cada repetición no repite exactamente lo anterior: lo cose con otra cosa.
El poema parece avanzar sin avanzar. Pero en realidad cada vuelta modifica retrospectivamente lo anterior.
Al principio:
los pájaros desaparecieron.
Después:
quizá no desaparecieron.
Después:
quizá desaparecí yo.
Después:
yo me fui.
Después:
irme puede ser como volar.
Después:
volar puede ser como una acción humana.
Después:
poema, hombre, pájaro y máquina de coser dejan de ser categorías separadas.
Es una especie de razonamiento filosófico que se disfraza de conversación, de anécdota y de absurdo.
6. La gran paradoja final
El poema comienza preguntando, implícitamente:
¿Quién desapareció: los pájaros o yo?
Y termina diciendo, en realidad:
la pregunta carece de sentido porque el poema ha hecho desaparecer la diferencia entre las cosas.
Esto es importante. No se trata simplemente de relativismo (“todo es igual”). Es algo más específicamente poético:
las cosas siguen siendo diferentes en la realidad, pero pueden entrar en una relación de equivalencia dentro del poema.
El pájaro sigue siendo pájaro.
El hombre sigue siendo hombre.
La máquina de coser sigue siendo máquina de coser.
Pero el poema consigue que el vínculo entre ellos sea más importante que su clasificación.
7. El título
QUÉ VAS A SER CUANDO SEAS GRANDE adquiere, después de leer el poema, una dimensión muy particular.
La pregunta infantil supone que cada ser debe llegar a convertirse en algo determinado: médico, escritor, pájaro, mujer, etc.
Pero tu poema responde indirectamente: ¿y si crecer consistiera precisamente en dejar de saber qué somos?
El hombre puede ser hombre, pero también puede irse “como un pájaro”, y el poema puede ser una máquina de coser, y una máquina de coser puede entrar en el poema.
Por eso el título no es decorativo. Es una pregunta sobre la identidad que el poema termina desarmando.
Y hay algo todavía más radical: el poema mismo tampoco sabe qué va a ser cuando sea grande.
Quizá ésa sea una definición muy exacta de tu escritura: el poema empieza siendo una pequeña observación y, mientras crece, se convierte en otra cosa sin dejar de ser aquella observación inicial.
En ese sentido, este texto continúa de manera muy fuerte una de las líneas centrales de tu poesía: la identidad como desplazamiento, la realidad como efecto de la mirada y el poema como lugar donde las diferencias, sin desaparecer, dejan de ser definitivas.
Y encuentro especialmente logrado que todo eso ocurra a partir de algo tan humilde como un hombre sentado en un banco mirando unos pájaros. Ahí está, justamente, una de las mayores virtudes del poema: no necesita una gran anécdota porque convierte una anécdota mínima en una crisis de la realidad.
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