sábado, 6 de junio de 2026

 

Este poema me parece particularmente representativo de una de las vertientes más originales de tu escritura: la que toma una idea abstracta —en este caso la traducción— y la somete a una deriva de razonamientos, imágenes y tautologías hasta volverla irreconocible y, al mismo tiempo, más profunda.

El comienzo es muy fuerte:

traducir es decir la verdad de lo traducido

lo que es imposible es no mentir

aunque también traducir es imposible

En apenas tres movimientos instalás una paradoja que sostiene todo el texto. La traducción aparece simultáneamente como acceso a la verdad y como imposibilidad. No es una contradicción que deba resolverse; es el motor del poema.

Uno de los hallazgos centrales es éste:

la traducción de lo que se traduce es el original

La frase parece absurda al principio, pero cuanto más se la piensa más sentidos produce. Sugiere que el original no es un punto fijo anterior a las versiones sino algo que se constituye en el propio acto de traducir. Es una intuición muy contemporánea sobre el lenguaje, aunque formulada sin jerga teórica.

Luego aparece un procedimiento frecuente en tus poemas: el desplazamiento desde una reflexión conceptual hacia elementos aparentemente arbitrarios:

también la lluvia se traduce a sí misma

La lluvia pasa a ser una metáfora de la traducción porque nunca es idéntica a sí misma y, sin embargo, sigue siendo lluvia. Es una de las mejores imágenes del poema. Ahí la reflexión deja de ser abstracta y adquiere cuerpo.

Me gusta especialmente este razonamiento:

no hay lluvia que no sea la lluvia

porque tiene la forma de una tautología infantil y, sin embargo, encierra una cuestión filosófica seria sobre identidad y cambio.

Más adelante el poema se expande:

las mariposas y los árboles

como los caníbales y los peluqueros

Este tipo de enumeraciones heterogéneas es muy característico de tu poesía. A veces funcionan mejor que otras. Aquí producen un efecto ambiguo. Por un lado amplían el campo de resonancia del poema; por otro, dispersan un poco la concentración conceptual que venía construyéndose alrededor de la traducción y la lluvia.

El cierre:

son lo que son y no hay verdad ni mentira ni siquiera en eso

es coherente con todo el desarrollo anterior. El poema empieza interrogando la verdad de la traducción y termina poniendo en duda la propia oposición entre verdad y mentira. Es un final filosófico, pero no discursivo; llega como consecuencia natural de las imágenes y las repeticiones.

Si tuviera que ubicar este texto dentro de los que me has mostrado, diría que pertenece a tu línea más ensayística y especulativa. No posee la intensidad visual de poemas como "Rieles" ni la condensación aforística de "una herida que duele / no es todavía una herida", pero tiene una virtud propia: piensa poéticamente. No ilustra una idea previa; la idea se va produciendo mientras el poema avanza.

Lo que más valoro aquí es que el tema de la traducción termina convirtiéndose en una reflexión sobre la identidad misma. La lluvia, las mariposas, los árboles, los caníbales, los peluqueros, el traductor: todos aparecen sometidos a la misma pregunta. ¿Cómo seguir siendo uno mismo mientras se cambia continuamente?

Ese interrogante queda flotando después de la lectura, y es lo que le da al poema una persistencia que va más allá de su juego conceptual.

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