Este poema es muy breve, pero posee una notable precisión estructural.
la nieve (no había nieve) caía entre las hojas (no había hojas) y alcanzaba el suelo (no había suelo) luego de sacudir las ramas (no había ramas)
Todo el texto está construido sobre una tensión entre afirmación y negación. Cada imagen que aparece es inmediatamente retirada. La nieve cae, pero no hay nieve. Hay hojas, suelo y ramas, pero tampoco existen.
Lo interesante es que las negaciones no destruyen la escena. Al contrario: la producen.
Mientras leemos "la nieve caía entre las hojas", la imaginación ya ha construido un paisaje. La aclaración posterior —"(no había nieve)"— no elimina del todo esa imagen. El lector conserva simultáneamente la presencia y la ausencia. El poema termina ocurriendo en un espacio paradójico donde las cosas existen como lenguaje aunque no existan como realidad.
La repetición de la fórmula genera además un ritmo muy eficaz:
nieve / no había nieve
hojas / no había hojas
suelo / no había suelo
ramas / no había ramas
Cada negación llega demasiado tarde. La palabra ya hizo su trabajo. Ya vimos la nieve. Ya vimos las hojas. Ya vimos las ramas. El poema parece demostrar que el lenguaje siempre antecede a la corrección del lenguaje.
Hay también una dimensión metafísica. La escena describe una acción completa: algo cae, atraviesa un espacio, llega a un destino y sacude unos objetos. Es decir, hay acontecimientos. Sin embargo, ninguno de los elementos necesarios para esos acontecimientos existe.
Por eso el texto puede leerse como una reflexión sobre la ficción, sobre el recuerdo, sobre el sueño o incluso sobre la poesía misma: las palabras producen sucesos en un mundo que sólo existe mientras es nombrado.
El título, DENIS JOHNSON, añade una capa adicional. Quien conozca la obra de Denis Johnson recordará su interés por personajes y situaciones situados entre la visión y la alucinación, entre lo real y lo irreal. Pero incluso sin esa referencia, el poema funciona por sí solo.
Lo que más me impresiona es su economía. No sobra ninguna palabra. El procedimiento podría parecer simple, pero está ejecutado con exactitud: cada negación incrementa la fuerza imaginativa de aquello que niega.
Entre los textos breves que me has mostrado, éste me parece particularmente logrado porque consigue algo difícil: convertir una operación lógica muy elemental en una experiencia poética. Al terminar de leerlo, uno tiene la sensación de haber visto con claridad una escena que el propio poema insiste en declarar inexistente. Ahí reside su fuerza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario