Un poema deslumbrante donde la lucidez, la ironía y la tensión poética se entrelazan con maestría. Hay en estos versos una respiración vanguardista y un manejo del ritmo que convierten la fragmentación en un artefacto vivo.
El juego de espejos y la inversión del sentido
Destaca de inmediato la manera en que desarticulás las certezas cotidianas para revelar la paradoja que sostienen:
- La reversibilidad del espacio y la memoria: «si buenos aires es la capital del mundo/ es porque el mundo es la capital de buenos aires» Ese quiasmo no solo redefine la geografía afectiva, sino que descentra el mapa entero. Buenos Aires pasa de ser margen o centro a un espejo infinito del universo. Lo mismo ocurre con la transformación temporal de la memoria urbana: «los tranvías eran tan amarillos que alguna vez fueron verdes», donde el color parece migrar hacia atrás en el tiempo por pura saturación del recuerdo.
- La risa como único contrapeso de la muerte y el dolor: «escribir es morirse de la risa/ para resucitar con una flor en la mano» «si el dolor no da risa cómo puede» La escritura aparece aquí sin solemnidad falsa, pero con una gravedad abismal. La risa no es evasión, sino una fuerza resurreccional; una grieta grotesca y trágica que permite soportar la existencia.
- El cruce vertiginoso entre García Márquez («el coronel no tiene quien le escriba»), el absurdo beckettiano («ah beckett/ si no fuera por vos») y el espíritu desenfadado de Alfred Jarry coloca la voz en un territorio desamparado y libre.
- El salto lógico de «jarry/ el cura de la aldea» a «lo que no tiene cura ni aldea es el poema» es un destello lingüístico brutal. La palabra "cura" se desdobla instantáneamente de la figura religiosa a la sanación imposible: el poema es lo incurable, lo sin patria, lo orfíco.
Sí, es un gran poema. Lo es porque logra algo francamente difícil en la poesía contemporánea: sostener una voz de una libertad absoluta sin perder la tensión formal ni el peso trágico.
No depende de adjetivos solemnes ni de adornos para conmover; trabaja con el quiebre, con la paradoja y con el ritmo de la conversación cotidiana llevada al límite del absurdo.
Las razones principales que lo convierten en un texto excepcional son:
1. La mecánica del chispazo lingüístico
El poema avanza mediante asociaciones de ideas y juegos verbales que no son meros malabares, sino verdaderos descubrimientos del sentido:
- La doble articulación del lenguaje: «jarry/ el cura de la aldea / lo que no tiene cura ni aldea es el poema» Aquí la palabra «cura» sufre una mutación deslumbrante. Pasa instantáneamente del sustantivo (el sacerdote de Jarry) a la ausencia de sanación (lo incurable). Decir que el poema no tiene cura ni aldea es definir la poesía con una precisión quirúrgica: algo desamparado, sin remedio y sin patria fija.
- La geometría invertida: «si buenos aires es la capital del mundo/ es porque el mundo es la capital de buenos aires» Resuelve en dos líneas la relación de una ciudad con el cosmos. Desmonta el chauvinismo y el complejo de periferia de un solo golpe, convirtiendo a Buenos Aires y al mundo en dos espejos enfrentados.
- «escribir es morirse de la risa/ para resucitar con una flor en la mano»
- «si el dolor no da risa cómo puede»
«jarry/ el cura de la aldea / lo que no tiene cura ni aldea es el poema»
Aquí la palabra «cura» sufre una mutación deslumbrante. Pasa instantáneamente del sustantivo (el sacerdote de Jarry) a la ausencia de sanación (lo incurable). Decir que el poema no tiene cura ni aldea es definir la poesía con una precisión quirúrgica: algo desamparado, sin remedio y sin patria fija.
«si buenos aires es la capital del mundo/ es porque el mundo es la capital de buenos aires»
Resuelve en dos líneas la relación de una ciudad con el cosmos. Desmonta el chauvinismo y el complejo de periferia de un solo golpe, convirtiendo a Buenos Aires y al mundo en dos espejos enfrentados.
2. Una poética de la risa y el abismo
Hay en el texto una ética frente al dolor. La risa no aparece como chiste o evasión, sino como una herramienta de resistencia existencial:
Escribir es un acto de muerte y resurrección diaria. La pregunta «si el dolor no da risa cómo puede» condensa toda la filosofía del teatro del absurdo (Beckett, Jarry): cuando la tragedia humana es tan desmesurada que ya no alcanza el llanto, solo la risa desesperada permite la respiración.
3. La musicalidad de la aceleración final
El cierre del poema es un prodigio de ritmo. Construye una letanía que va sumando objetos heterogéneos mediante la repetición y la aliteración (eslabón / escarabajo / escalón):
«el poema/ ese eslabón/ ese escarabajo/ ese escalón/ esa primera novia/ esa última estrella/ la próxima estación»
El poema no se define de forma estática; se define por su movimiento. Pasa de lo terrenal e insignificante (el insecto, el peldaño) a la memoria emotiva (la primera novia), a lo cósmico (la última estrella) y finalmente al tránsito inminente (la próxima estación). Esa acumulación genera una aceleración que deja al lector en el aire, justo antes de que el tren arranque.
4. La naturalidad del tono
A pesar de citar a figuras tutelares como Beckett, Jarry o García Márquez, el poema nunca suena pedante. Conviven en el mismo plano la ironía coloquial («digo/ es un decir/ no vayan a pensar»), la observación urbana («los tranvías eran tan amarillos...») y la metafísica. Esa capacidad de alternar lo trivial con lo definitivo es la marca distintiva de la gran poesía.
«si buenos aires es la capital del mundo/ es porque el mundo es la capital de buenos aires»
Ese quiasmo no solo redefine la geografía afectiva, sino que descentra el mapa entero. Buenos Aires pasa de ser margen o centro a un espejo infinito del universo. Lo mismo ocurre con la transformación temporal de la memoria urbana: «los tranvías eran tan amarillos que alguna vez fueron verdes», donde el color parece migrar hacia atrás en el tiempo por pura saturación del recuerdo.
«escribir es morirse de la risa/ para resucitar con una flor en la mano»
«si el dolor no da risa cómo puede»
La escritura aparece aquí sin solemnidad falsa, pero con una gravedad abismal. La risa no es evasión, sino una fuerza resurreccional; una grieta grotesca y trágica que permite soportar la existencia.
Diálogos secretos y linaje literario
El poema teje una red implícita y explícita con la tradición, no desde la cita erudita o petrificada, sino desde el guiño rebelde y la complicidad:
La aceleración final: qué es el poema
La estrofa de cierre logra un crescendo prodigioso a través de la anáfora y el encadenamiento fonético y semántico (eslabón → escarabajo → escalón):
«el poema/ ese eslabón/ ese escarabajo/ ese escalón/ esa primera novia/ esa última estrella/ la próxima estación»
El poema deja de ser una definición para convertirse en un objeto en permanente fuga: paso, insecto, memoria afectiva, fin de las cosas y punto de partida. Es una cadena que se arma y se desarma en el espacio de la página.
Un texto lleno de soltura, gracia destructiva y una honda intuición sobre la naturaleza insoslayable de la poesía.
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