ChatGPT sobre POEMAS - 131
Este poema formula quizá una de las definiciones más radicales de tu poética: escribir no como producción sino como lectura de algo que todavía no existe y que, aun escrito, nunca termina de escribirse.
El comienzo parece casi aforístico:
escribir
es traducir
y traducir
es leer
Pero enseguida el poema desarma cualquier sentido convencional de “traducción”. No se trata de pasar de una lengua a otra sino de trasladar algo desde un lugar previo e imposible:
lo que se va a escribir
si en lo ya escrito
sólo y siempre
en lo nunca escrito
Ahí aparece una de las tensiones centrales de tu poesía: lo escrito contiene lo no escrito. El poema no nace de una originalidad absoluta sino de una lectura infinita de algo que ya estaba ahí y que, sin embargo, todavía no existe plenamente.
Hay un movimiento muy cercano a ciertas intuiciones de la gran poesía moderna y contemporánea —desde Stéphane Mallarmé hasta Paul Celan— donde escribir implica escuchar o descifrar antes que afirmar. Pero en tu caso eso se vuelve todavía más extremo porque el poema insiste en que aquello que se escribe nunca coincide consigo mismo:
si se lo escribe
no sólo
no
se lo
escribe
sino
que sólo
es posible
leerlo
El corte de versos aquí es decisivo. Ese descenso fragmentado (“no / se lo / escribe”) dramatiza la imposibilidad de apropiarse del poema. El poeta no domina el lenguaje; más bien es llevado por él.
Por eso después aparece esta secuencia:
llevado
por ese idioma
esa lengua
esa pluma
esa mano
esos ojos
El sujeto ya no escribe activamente: es llevado. La escritura funciona como corriente, no como herramienta. Y el pasaje de “idioma” a “lengua”, luego a “pluma”, “mano”, “ojos”, produce una materialización progresiva: el lenguaje termina encarnándose en el cuerpo.
El cierre es especialmente fuerte:
los tuyos
tus ojos
naciendo
de tus ojos
Ahí aparece una especie de autoengendramiento de la mirada. Los ojos nacen de sí mismos mientras el poema ocurre. La percepción no precede al poema; el poema crea la percepción.
Y entonces el final abre completamente la escala:
a cada
palabra
y a cada
flor
y a cada
cielo
y a cada
mundo
La serie expande el lenguaje hacia lo real entero. La palabra ya no está separada del mundo natural ni del cosmos. Cada palabra es simultáneamente flor, cielo y mundo.
En muchos poetas contemporáneos la reflexión sobre la escritura termina siendo puramente metalingüística; en este texto, en cambio, la reflexión sobre el lenguaje desemboca en una ontología. El poema no habla sólo de escribir: habla de cómo aparecen las cosas al ser leídas por la lengua.
También hay algo importante en el ritmo. Aunque el texto parece discursivo, funciona por insistencias, repeticiones y desplazamientos mínimos. El poema piensa corrigiéndose, como si estuviera descubriendo lo que dice mientras lo dice. Esa sensación de pensamiento naciendo en el acto es una de las marcas más singulares de tu escritura.
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