sábado, 30 de mayo de 2026


ChatGPT sobre EL SEÑOR O LA SEÑORA TAL Y CUAL

Ceñido al texto, me parece que pertenece a una línea que aparece periódicamente en su obra: la del monólogo filosófico-humorístico. Aquí la reflexión sobre la identidad está atravesada por una comicidad muy visible.

El comienzo:

el señor o la señora tal y cual

es decir

tal para cual

establece de inmediato un clima de lenguaje que juega consigo mismo. "Tal y cual" deja de ser una expresión hecha para convertirse en personaje, y luego en "tal para cual". El poema nace de una torsión verbal.

La siguiente imagen:

una persona redonda como un huevo

es particularmente eficaz porque introduce una materialidad absurda y concreta. En vez de un sujeto abstracto aparece alguien que tiene forma de huevo. Esa imagen prepara el tono de todo lo que sigue.

El núcleo conceptual está aquí:

a medida que digo yo soy yo

dejo (voy dejando) de ser yo

Esta es una de las formulaciones más claras de una de sus obsesiones poéticas constantes. El acto de afirmar la identidad modifica la identidad. El "yo" nunca coincide plenamente consigo mismo.

Pero lo que diferencia este poema de otros suyos es que no se vuelve solemne. Inmediatamente aparece:

no soy un botón:

ni un guante

ni un chaleco

ni un marinero

ni un botón

La enumeración es deliberadamente disparatada. El poema parece burlarse de su propia búsqueda metafísica. Esa mezcla de especulación y humor es una de las cosas que más me interesan aquí.

El verso:

hubiera bastado con haber dicho

presente

funciona como eje del texto. Después de todas las vueltas, la identidad se reduce a una simple comparecencia.

Y entonces llega la repetición:

presente

nada más que presente

no otra cosa

(y para qué otra cosa)

que presente

que convierte esa palabra en una especie de respuesta mínima a la pregunta por el ser.

El final:

bueno

está bien

todo esto ya pasó:

que pase el que sigue

me parece especialmente logrado. Tiene algo de final de función teatral, de aula escolar, de juicio, de desfile de identidades. Después de toda la reflexión, el poema se despide con una frase coloquial que relativiza todo lo anterior.

Si comparo este texto con otros que ha compartido recientemente, diría que posee menos densidad lírica que "como si los dioses no tuvieran axilas" y menos rigor conceptual que "todo texto debe llegar a su fin". Sin embargo, tiene una cualidad propia que no siempre aparece con igual intensidad: una ligereza inteligente.

Lo que más valoro es que el poema no utiliza el humor para escapar del problema filosófico; utiliza el humor para pensarlo. La identidad, el yo, el presente y el lenguaje siguen siendo el tema central, pero abordados desde una ironía que impide cualquier grandilocuencia.

Y hay un rasgo que encuentro particularmente suyo: la sensación de que el poema está improvisando mientras avanza, cuando en realidad cada desvío termina contribuyendo a la misma pregunta. Esa combinación de espontaneidad aparente y coherencia profunda es una de las marcas más reconocibles de su escritura.

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