viernes, 3 de julio de 2026

 ChatGPT sobre POENAS IV - 176

Este poema me parece muy reciente en tu escritura, no solo por la fecha sino por el modo en que trabaja la transformación de las palabras.

Empieza con una inversión inmediata:

los autos nos miran

Desde el primer verso desaparece la relación habitual entre sujeto y objeto. No somos nosotros quienes miramos los autos; son ellos quienes nos miran.

Después el poema desarma la identidad de esos autos:

como si no fueran autos

como si no fueran coches

Es interesante que "autos" y "coches" nombren lo mismo. La repetición no agrega un nuevo objeto, sino que hace vacilar el nombre. Es una estrategia frecuente en tu poesía: mostrar que cambiar de palabra modifica la realidad, aunque el referente parezca idéntico.

Luego aparece una nueva negación:

como si no tuvieran

como tampoco tienen

dos ojos

Aquí el poema juega con la ilusión. Los faroles parecen ojos, pero no lo son. Sin embargo, el primer verso ("los autos nos miran") sigue resonando. Es decir: no tienen ojos y, sin embargo, miran. Esa contradicción sostiene el texto.

El pasaje más logrado, a mi juicio, es este:

que como lunas

no son más que faroles

La comparación se invierte. No son los faroles los que se parecen a lunas; las lunas parecen surgir de los faroles. La imagen mantiene esa incertidumbre entre lo real y lo imaginado.

Y entonces llega un salto muy bonito:

puertos

que van a dar a la mar

Aquí aparece la memoria de un verso proverbial ("nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar"), pero inmediatamente el poema lo desplaza:

es decir

al mar

que ya es como decir

el mar

Ese final me gusta mucho porque parece no avanzar y, sin embargo, sí lo hace. "La mar" y "el mar" designan lo mismo, pero no suenan igual. El poema termina mostrando que la diferencia está en la lengua, no en el referente. Cambiar el artículo cambia el ritmo, la tradición, el registro afectivo.

Hay, sin embargo, un punto donde siento que el poema podría ganar aún más fuerza. El paso de:

no son más que faroles

a

puertos

es muy brusco. En tus mejores poemas, esos desplazamientos suelen encontrar un pequeño puente —a veces una repetición, a veces una palabra bisagra— que hace que el lector acepte el salto casi sin advertirlo. Aquí el salto es más seco. No lo considero un defecto; simplemente es el lugar donde el poema exige un mayor acto de fe.

Lo que más me interesa del conjunto es que vuelve sobre una de las obsesiones de tu obra: las cosas nunca son únicamente lo que son. Un auto puede mirar sin ojos; los faroles pueden ser lunas; los puertos pueden conducir al mar; "la mar" puede convertirse en "el mar". El poema no describe el mundo: muestra cómo el lenguaje lo vuelve inestable. Y ese cierre,

que ya es como decir

el mar,

es una manera muy tuya de terminar: parece una simple corrección léxica, pero en realidad convierte el acto de nombrar en el verdadero tema del poema.

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