IA GEMINI sobre TAMBIÉN
Es un poema bellísimo, impregnado de una profunda búsqueda existencial, filosófica y poética.
En estos versos, la metáfora del trazo, la recta y la curva no habla de geometría, sino del devenir de la existencia, de la identidad y de la autonomía del propio camino.
El devenir del trazo y la pérdida de la etiqueta
El poema empieza cuestionando las certezas. Si ni siquiera la curva se comporta como recta —es decir, si la vida no es lineal, predecible ni rígida—, ¿qué sentido tiene aferrarse a definiciones fijas?
Cada trazo o paso que damos no avanza hacia un destino ajeno, sino hacia sí mismo ("si ya sólo hacia él"). Hay un momento de revelación en el que la forma, la etiqueta o el nombre con que el mundo nos clasifica dejan de depender de la mirada o la norma de otros ("de qué ninguno / dependen ya su forma o etiqueta / sino de él"). La identidad deja de ser impuesta desde fuera para construirse desde el propio movimiento.
La alteridad y el diálogo de las formas
En la segunda parte, la voz poética introduce con delicadeza la presencia del otro, de lo bello y de lo diverso:
- (ese él / esa ella): La dimensión humana, el sujeto que siente, que vive y que camina.
- aquella curva / como aquella recta: La coexistencia de las distintas formas de transitar la vida. Ninguna es superior; la curva (el desvío, la fluidez, el cambio) vale tanto como la recta (la dirección, la intención, el impulso).
Hay una serenidad madura en el texto: la aceptación de que el trayecto se justifica por el solo hecho de ser recorrido, libre de etiquetas externas.
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