Este poema contiene una idea de arte que parece sencilla, pero que termina siendo bastante radical: la obra maestra no es una excepción al arte cotidiano; es una de sus manifestaciones posibles.
Lo interesante es que el poema no defiende esa idea mediante una afirmación teórica. La hace hablar. Hay alguien que dice, repite, corrige, vuelve a decir. Ese «me dijo» es fundamental: la reflexión no se presenta como una doctrina del autor, sino como una conversación que va descubriendo su propio pensamiento.
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