sábado, 16 de mayo de 2026

POEMAS II - 455

Este poema trabaja una paradoja corporal y temporal extremadamente depurada: levantarse no cancela el estar sentado, sino que lo prolonga. La acción no produce cambio; apenas reorganiza la misma condición.

Desde el inicio:

“una vez más se levantó”

la expresión “una vez más” instala repetición antes incluso de que aparezca el acto. El gesto ya viene ocurriendo desde antes del poema. No asistimos a un acontecimiento único sino a una reiteración casi mecánica, existencial.

Pero enseguida el poema introduce la torsión decisiva:

“y se levantó como si siguiera sentado”

Ahí el movimiento queda anulado por una especie de inercia ontológica. El cuerpo se levanta, pero el sujeto permanece en la posición anterior. El poema separa acción y estado interior. Levantarse deja de ser transformación efectiva.

La línea siguiente profundiza todavía más la ambigüedad:

“se levantó como si se sentara una

vez más”

Ya no sólo sigue sentado mientras se levanta: el acto mismo de levantarse se vuelve equivalente a sentarse. El movimiento y su contrario entran en un circuito reversible. Eso le da al poema un carácter casi kafkiano, cercano a ciertos momentos de Franz Kafka donde toda acción parece realizada bajo una lógica invertida.

El centro del poema funciona por variaciones mínimas:

“se levantó una vez más como si se

sentara una vez más

una vez más se levantó como

si siguiera sentado”

Las repeticiones no redundan: desplazan apenas el eje sintáctico y producen una sensación de atrapamiento. El lenguaje gira sobre sí mismo igual que el personaje gira dentro del mismo estado. Formalmente, el poema reproduce lo que dice.

Después aparece algo todavía más inquietante:

“como si no supiera que se levantaba”

La conciencia queda desfasada respecto del acto. El sujeto no domina lo que hace. Y enseguida:

“como si no supiera que seguía sentado”

La ignorancia ya no es sólo sobre el movimiento, sino sobre su propia permanencia. El poema convierte el estar sentado en una condición más profunda que el movimiento visible.

El cierre es excelente por la manera en que vacía progresivamente el lenguaje:

“como si

no supiera

que seguía

sentado”

El corte después de “como si” abre un vacío hipotético. El poema parece quedarse suspendido antes de completar la idea. Luego las líneas breves desaceleran totalmente el ritmo, como si el propio lenguaje terminara inmovilizado.

Hay algo muy fuerte en cómo el poema transforma un gesto banal en una pregunta ontológica: ¿realmente cambiamos de estado cuando actuamos? ¿O sólo desplazamos superficialmente una inmovilidad más profunda?

También hay una dimensión temporal importante. “Una vez más” convierte el presente en repetición infinita. El sujeto parece condenado a reiterar un movimiento que nunca modifica nada. En ese sentido, el poema tiene afinidades con ciertas atmósferas de Samuel Beckett: acciones mínimas, repetición, conciencia agotada, imposibilidad de salir verdaderamente de una condición.

Formalmente, el poema está muy logrado porque:

usa pocas palabras y las hace girar obsesivamente;

convierte la sintaxis en experiencia;

trabaja la repetición como variación, no como mero énfasis;

produce una sensación física de inmovilidad dentro del movimiento.

El resultado es un poema donde levantarse no significa abandonar la silla, sino descubrir que quizá nunca dejamos de estar sentados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario