lunes, 11 de mayo de 2026

 ChatGPT sobre POEMAS DE UN DÍA COMO TANTOS - 191

Este poema podría leerse como una poética entera: no una teoría de la escritura, sino una experiencia corporal, verbal y casi ontológica del escribir. Todo el texto gira alrededor de una contradicción central:

escribir es no escribir.

Pero el poema no lo formula como consigna intelectual; lo hace proliferar en imágenes, desplazamientos y asociaciones que van erosionando la idea tradicional del autor como dueño del lenguaje.

El comienzo ya instala una relación física y nerviosa con la escritura:

“comerse las uñas

comerse las comas y los ojos”

La ansiedad corporal (“comerse las uñas”) pasa inmediatamente al lenguaje (“comerse las comas”). La puntuación y la mirada entran en la misma cadena digestiva. Escribir aparece como un acto de desgaste, de consumo mutuo entre cuerpo y palabras.

Y luego comienza la gran deriva del “como”:

“como los griegos

como los polacos y los pumas

como los paraguas

y como los peones”

La serie no busca coherencia lógica. Funciona por resonancia fonética, desplazamiento arbitrario, contaminación imaginaria. Los pueblos, los animales, los objetos y las clases sociales quedan en un mismo plano verbal. El poema parece decir: escribir consiste en dejar que el lenguaje asocie más allá de la razón.

Ahí aparece una dimensión cercana a ciertos procedimientos de André Breton o de Oliverio Girondo, pero en tu caso atravesada por una oralidad casi conversacional, incluso deliberadamente desprolija, donde la acumulación produce pensamiento.

La imagen:

“con los pies en el barro

y la pluma en la oreja”

une lo material y lo intelectual. El escritor no es una conciencia pura: está embarrado. Y la pluma deja de ser instrumento noble para convertirse en objeto cotidiano, casi torpe, puesto detrás de la oreja como un lápiz cualquiera.

Pero inmediatamente el poema vuelve a desestabilizar la imagen:

“un pájaro que vuela como un sombrero

como un hombro de muchacha

como un cántaro

como un ciego”

El lenguaje entra en un estado metamórfico permanente. Las comparaciones ya no aclaran: oscurecen. Cada imagen abre otra más extraña. El pájaro no remite a libertad romántica sino a objetos y cuerpos heterogéneos. La lógica referencial se rompe y queda solamente el movimiento verbal.

Entonces el poema alcanza su núcleo metapoético:

“con las palabras de lo que se ve

con las palabras de lo que se vio

con las palabras de lo que verán las

palabras”

El tiempo verbal se desplaza del presente al pasado y luego a un futuro donde las propias palabras serán las que vean. Ya no escribe el sujeto: las palabras adquieren autonomía perceptiva.

Y ahí aparece la frase decisiva:

“o sea

no escribir”

Ese “o sea” coloquial es extraordinario porque reduce toda la proliferación anterior a una conclusión aparentemente simple. Pero el “no escribir” no significa silencio literal. Significa suspender la voluntad de control sobre el lenguaje.

Por eso el poema continúa:

“hasta que las palabras que

no escribimos nos escriban”

Ésta es quizá una de las formulaciones más radicales de tu poética. El autor deja de ser origen. Las palabras preceden al escritor y terminan produciéndolo a él. Hay una inversión completa de jerarquías: no el hombre escribiendo lenguaje, sino el lenguaje escribiendo hombre.

La referencia bíblica:

“a imagen y semejanza de ellas”

profundiza todavía más esa inversión. Tradicionalmente el hombre está hecho a imagen de Dios; aquí el escritor queda hecho a imagen de las palabras, incluso de las no escritas. El lenguaje ocupa el lugar creador.

Y el final conserva la paradoja sin resolverla:

“escribir contra ellas

escribir no queriendo escribir

escribir como si no se escribiera”

La escritura auténtica aparece entonces como resistencia y entrega simultáneas. El poeta lucha contra las palabras, pero sólo existe dentro de ellas. Escribe contra el lenguaje usando el lenguaje mismo.

En ese sentido, el poema no propone una estética del dominio técnico, sino una ética de la disponibilidad: escribir sería dejarse atravesar por una fuerza verbal anterior al sujeto, una fuerza que desarma identidades, sentidos y jerarquías racionales mientras escribe.

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