sábado, 11 de febrero de 2017


Crónicas del Olvido
Constantino Mpolás Andreadis:
UN POETA DE SÍ O NO Y MUCHO MÁS

1.-
Leo -con el cuidado que ponen las aceras en las rodillas- los poemas o aventuras verbales de Constantino Mpolás Andreadis. Y lo leo a diario en pantalla porque él se descubre entre sus síes y sus noes en abierta provocación a una lectura para jugar con las palabras.
Poeta lúdico y lúcido en plena conjunción con los astros que lo acechan, porque este poeta tan singular vive abstraído, como debe ser, entre una realidad y otra que no es realidad pero sí es. Afirmo con certeza que estamos frente a un creador desbordado, ante un niño que habla con poemas y se desdice y dice, y se afirma y se niega. Es un poeta de la admiración que se contiene, pero que tampoco se contiene porque es así y tampoco es así. Es él. Y cuando le dan las ganas, no es.
Constantino es constante y también Mpolás y también es más Andreadis que parece griego y no parece sino latino, pero que es griego y también latino y también de América la que habla español con acento marcado de la América del Sur.
Ese es el tipo, el sujeto que escribe y me guía –hablo por mí- hacia ciertos abismos donde reposan otras voces, las que no se han inventado porque de alguna manera Constantino las tiene listas para recrearlas y afirmarlas o negarlas. Es decir, ya las inventó y no lo sabíamos. Al menos yo no lo sabía y ahora sí.

2.-
¿Qué puedo decir de una poesía que es poesía? ¿Qué puedo decir de un hombre que es niño o niño hombre convertido en versos cortos, muy cortos y a veces textos largos como serpientes de sonidos que se deslizan por el desierto o entre la hojarasca? ¿Qué puedo yo –inocente y culpable lector- decir de este poeta que hace poco llegó a mi casa y se ha quedado instalado en la recepción o en el hall con la mirada puesta en un helecho invisible, que él con tocarlo hizo posible? ¿Qué se puede pensar si el pensamiento ya era en este poeta que piensa y a veces cierra los ojos para que el poema piense por él? Nada, no se puede decir nada. Y se puede y debe decir mucho, muchísimo. Entonces digo. Y seguiré, a continuación, diciendo.
3.-
Deseo comenzar con este texto –el número 40, porque él los enumera- que desnuda a mucha gente:

“A OCTAVIO PAZ:
comentar un poema
no es sólo
otro poema
sino que es
por ese otro
el mismo
poema
reflejado en un espejo
que no es más
que un reflejo
de todos
los poemas
y así
de cada uno”.

Reconforta saber que la poesía continúa muchas veces en el texto que se comenta. O es comentado. Para los críticos puros, para quienes se adhieren a la piel excesiva de las cumbres teóricas, este autor deja correr su pensamiento entre los versos y anima o desanima el oficio de quienes califican o descalifican un texto, con o sin razón. Y a veces con mucha o poca razón, lo cual podría ser un sí o un no. Y hasta mucho más.
El número 59, con el cognomento de “Poemas de un día como tantos”, fue titulado
“FINNEGANS WAKE:
un libro escrito/ para no ser leído/ un libro clásico/ inclasificable/ perdido/ entre sus páginas/ como un dios/ en el laberinto// de su creación/ él mismo/ creado/ por su creación// un dios/ un hombre/ que lo que tiene/ de hombre// es lo que tiene de mujer/ y de/ dios”.

Una breve “crítica”. Una negación y una afirmación. Joyce se ve en el espejo y se borra. Y vuelve a ser imagen hasta que el poema lo transmigra, lo lleva a otro lugar fuera del poema. O el poema lo hace poema. Y así.
4.-
Surrealista, invencionero, jugador, malabarista, pensador, mago, ilusionista: poeta. Ese es y no es hasta que él mismo lo diga: Constantino Mpolás Andreadis.
Que lo afirme o lo reafirme este

"NO HAY HERIDA"
no hay herida como un árbol o un sueño
o como sin estrellas ni sombrero
un barrilete roto o una miga de pan
de esas manos

musas o mañanas nacerá
este momento que ya es éste
porque es aquél cuyas raíces duran
si más allá del árbol más allá de ellas

y qué sueño o mirada hacia ese mundo
se abrirá como espejo que comienza
para decir las calles y los días

las noches y el milagro de tus ojos
donde me miro y me veo para verte
no sólo en vos sino por vos en todo”.
5.-
El reflejo, poema que se ve en el rostro de quien lo lee. La otredad, el que no es y es. La alteridad, el otro alterado, el que sí es pero duda. O se define como un contrario o un igual.
El número 54 de este autor argentino le añade al costillar del principio estos sonidos:

“uno/ sólo es en el otro/ y ese otro en dos/ y ese dos en ninguno// salir de uno/ es entrar en uno/ y así ser dos/ es decir ser el otro// ese otro/ que es ninguno/ y que hace// que uno sea uno/ y no dos/ y no ninguno”.

En homenaje a Yorgos Seferis el poeta se sumerge en la metáfora de la desnudez:

“una mujer desnuda es una mujer de agua
agua en el agua
la mujer es piedra
su desnudez la viste

como sombra al árbol

velada
por su desnudez
la mujer es hermosa
como un caballo

una mujer desnuda es como una hojita en un árbol”.

Y desde la altura del anterior se allega a

“HAY QUE LEER RUSO:
hay que leer ruso
para leer a Pushkin:
si
hay que leer ruso
pero en español o en noruego:
de otra manera
sería imposible
leer a Pushkin
en ruso”.

A veces el vértigo se hace del lector. El poema se consagra en él mismo. Autopoema, cobertura del mismo texto: el texto como tal, el poema. Sí y no. O mucho más allá del poema, el poema mismo.


“EL ORIGEN DEL POEMA:
el origen del poema
es el poema:
hacia él
es que el poema empieza:
no recomienza
comienza:
y eso
es el poema:
ese incesante empezar
es todo
el poema:
no lo empieces ya más
que así es la rosa:
su corazón
y su razón
su raza
y su lengua:
nuestra lengua”.

Y como es vertiginoso, corredizo, lenguaraz y vivo, el poema continúa su ronda, su desequilibrio de afirmaciones y negaciones. El poema es un ser orgánico, habla por sí mismo y desde él. Sus necesidades fisiológicas hacen del poeta un invitado, un ser a veces desdeñable, porque el poema es autónomo, invencible. Él por sí mismo, desde él mismo.

Leamos

“LA TRAMA:
La trama/ como espejo/ donde la prosa/ se refleja// rompiéndolo/ una y mil veces/ hasta dejarlo/ intacto// por lo menos/ tan intacto/ como cada uno// de/ sus/ pedazos”.

Uno y múltiple, el poema se calcula matemáticamente impuro. Se canta y se silencia. Se celebra y se olvida para luego recordarlo en medio de la amnesia.
Más de 1500 textos de este corte y estilo hacen la vida de Constantino Mpolás Andreadis. En prosa y en verso. En verso y en prosa. Crítica críptica del poema. El poema cerrado y abierto. El sí como un no y el no como afirmación de lo imposible. Y el mismo poema como una posibilidad.
Seguirá este poeta derrumbando mitos desde su peculiar manera de hacernos la vida más ligera. Menos abrupta, menos brutal. Una poesía que se degusta como una golosina, dulce o amarga. Sí y no. O mucho más.

11-2-2017

 ALBERTO HERNÁNDEZ

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