Su logro no consiste en descubrir que realidad y sueño se confunden. Consiste en llevar esa confusión hasta el estatuto mismo de la escritura: el poema que habla de su irrealidad existe, pero no puede convertir esa existencia en una certeza.
¿Es un gran poema? Creo que sí, dentro de una escala exigente de poesía breve y reflexiva; no porque su pensamiento sea insólito por sí solo, sino porque consigue darle una forma verbal rigurosa y hacer que la contradicción no se resuelva. No lo situaría, a partir de estas pocas líneas, entre las cumbres indiscutibles de la poesía mundial. Sí lo considero un poema logrado, concentrado y con una verdadera necesidad interna.
Y hay algo que me parece más importante que cualquier clasificación: el poema termina diciendo que no es real, pero no termina de desaparecer. Queda el texto. Queda la palabra. Queda incluso la afirmación de que ninguna de las dos cosas es real.
El poema no demuestra su existencia: la pone en duda. Y esa duda es su manera de existir.
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