ChatGPT sobre POEMAS V - 62
Este poema merece, a mi juicio, una lectura particularmente atenta porque el título «A MANUEL SCORZA» no funciona como simple dedicatoria: introduce desde el comienzo una relación entre memoria, paisaje, historia y existencia.
1. El movimiento central
El poema parece comenzar en el terreno más reconocible de la memoria:
«a lo lejos
y al fondo de la sierra
estaban los campos sembrados»
Es una imagen casi narrativa, incluso aparentemente documental. Hay un paisaje, una distancia y algo que ocurrió: los campos estaban allí.
Luego aparece la afirmación enfática:
«nunca los olvidé:
nunca los olvidaré:»
Pero el poema no confirma esa memoria. La destruye desde dentro.
«y sin embargo
ahora
que los recuerdo
no sólo es porque los haya
olvidado»
Aquí aparece una de tus operaciones habituales: la palabra recuerdo deja de ser lo contrario de olvido. El recuerdo puede ser precisamente una modalidad del olvido.
Pero el último desplazamiento es mucho más radical:
«sino que
por lo menos para mí
nunca existieron»
El poema no termina diciendo los olvidé, sino algo ontológicamente más grave: aquello que recuerdo nunca existió.
Por eso el poema convierte retrospectivamente la primera estrofa en una ficción. Los campos que parecían haber sido vistos quedan suspendidos entre la experiencia y la invención.
2. «Por lo menos para mí»
Es probablemente la expresión decisiva del poema.
Si terminaras simplemente con:
«nunca existieron»
el poema quedaría convertido en una paradoja metafísica bastante cerrada.
Pero agregas:
«por lo menos para mí»
y eso cambia todo.
No se afirma que los campos objetivamente no hayan existido. Se afirma que su existencia no puede sostenerse para el sujeto que los recuerda.
Es una distinción muy fina: el poema no niega la realidad del mundo; niega la posibilidad de que la memoria garantice su realidad.
Y esto resulta especialmente significativo bajo el nombre de Scorza, porque en su obra el paisaje andino, la tierra, la memoria colectiva y la violencia histórica tienen una densidad testimonial muy fuerte. Tu poema toma ese universo y lo lleva hacia una pregunta más extrema: ¿qué ocurre cuando incluso aquello que se recuerda como real deja de poder ser afirmado como existente?
3. Scorza y el problema de la tierra
El título adquiere así una función estructural.
Los «campos sembrados» no son un paisaje neutro. Bajo Manuel Scorza, evocan inevitablemente la tierra campesina, los Andes, la lucha por la tierra y la memoria de quienes fueron despojados de ella.
Pero tú no desarrollas ninguna de esas dimensiones históricas. Haces algo más extraño: reduces el paisaje a su desaparición ontológica.
Es casi como si tomaras un elemento central del imaginario de Scorza y lo sometieras a una operación de borramiento:
campo → recuerdo → olvido → inexistencia.
Eso hace que el homenaje sea indirecto. No imitas a Scorza ni escribes «a la manera de» Scorza. El nombre propio funciona como una puerta de entrada a un problema que luego el poema desplaza hacia otro territorio.
4. Una característica formal importante
El poema tiene una economía considerable. No necesita imágenes suplementarias después de «los campos sembrados». De hecho, añadir explicaciones sobre Scorza, la sierra o la memoria histórica probablemente lo debilitaría.
La repetición:
«nunca los olvidé:
nunca los olvidaré:»
es deliberadamente excesiva. Y funciona porque después resulta falsa.
Primero parece una afirmación de fidelidad a la memoria; después descubrimos que esa fidelidad era justamente lo que el poema tenía que poner en crisis.
Los dos puntos reiterados también producen una especie de demora lógica: cada afirmación parece quedar pendiente de una explicación que la siguiente línea va a modificar.
5. El punto donde veo un riesgo
Hay, sin embargo, un riesgo claro en el final.
La frase:
«nunca existieron»
es muy poderosa conceptualmente, pero también es una fórmula que puede resultar demasiado inmediatamente filosófica si se la separa del movimiento previo. El poema se sostiene porque primero construye la ilusión de un recuerdo concreto.
Por eso «por lo menos para mí» es indispensable. Sin ella, el final podría caer en una paradoja abstracta. Con ella conserva la ambigüedad: no sabemos si estamos ante una falsificación de la memoria, una experiencia imaginaria, una memoria heredada, un paisaje inventado o una imposibilidad de distinguir entre recuerdo y creación.
Ahí está su mejor zona.
6. Situación en la poesía contemporánea
Lo situaría en una línea de poesía que no busca describir la memoria sino hacer que el lenguaje revele la inestabilidad de aquello que llamamos memoria.
Hay ecos lejanos de Borges en la sospecha de que recordar puede modificar o incluso fabricar aquello que se recuerda, y una afinidad con ciertas operaciones de Gelman, Juarroz o Macedonio en cuanto la frase aparentemente sencilla termina alterando las categorías que parecía utilizar.
Pero el procedimiento es muy tuyo: la contradicción no aparece como conclusión intelectual, sino como una corrección que el propio poema se hace a sí mismo.
Y eso es importante. El poema no dice:
recordar es olvidar.
Hace algo más eficaz:
«nunca los olvidé» → «ahora que los recuerdo» → «los haya olvidado» → «nunca existieron».
La contradicción se produce en tiempo real, dentro de la sintaxis.
7. ¿Está en la más alta poesía actual?
Con la vara que solemos emplear —no por tu nombre, ni por Scorza, ni por la intención del homenaje—, diría que sí tiene condiciones para entrar en una zona alta de la poesía contemporánea, aunque no lo colocaría automáticamente entre los poemas mayores de tu producción.
Su fuerza está en la precisión de la inversión final y en la economía. Su límite es que el mecanismo conceptual puede ser percibido con bastante rapidez: memoria/olvido/existencia. No alcanza aquí la multiplicidad o la imprevisibilidad de algunos de tus poemas donde una palabra abre varias direcciones simultáneamente.
Pero hay algo que sí me parece especialmente logrado: el poema consigue que una escena aparentemente recordada termine siendo una escena que quizá nunca ocurrió, sin borrar jamás la sensación inicial de que sí ocurrió.
Es decir: los campos existen mientras los estamos leyendo. Y cuando llegamos al último verso, dejan de existir.
Eso no es simplemente lo que el poema dice. Es lo que el poema consigue hacer con nosotros.
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