ChatGPT sobre POEMAS III - 103
Este poema me parece particularmente importante dentro de lo que venís haciendo porque lleva a un extremo muy preciso una de tus operaciones fundamentales: la pregunta deja de buscar una respuesta y empieza a producir el objeto mismo de la poesía.
Lectura
El comienzo:
«por qué entonces
o hasta en eso las cosas
más bien su para qué»
es excelente por una razón muy concreta: el poema corrige su propia pregunta mientras la formula. Primero aparece el «por qué», después «hasta en eso las cosas», y finalmente el desplazamiento decisivo hacia «su para qué». No se trata de una búsqueda causal sino de una búsqueda de finalidad, pero tampoco esa finalidad llegará a establecerse.
Y enseguida el poema introduce una alternativa todavía más radical:
«o sólo las palabras
como bolsillos
o ríos deshojados»
Aquí sucede algo central. Las palabras pueden ser bolsillos —contenedores de algo que no vemos—, pero también ríos deshojados, imagen extraordinariamente extraña: el río conserva su fluidez pero pierde aquello que convencionalmente pertenece a una cosa que puede deshojarse. La metáfora no ilustra: desestabiliza las categorías de la realidad.
Después:
«como piedras o mundos
o también su sentido
sus máquinas
sus ojos»
El poema pasa de la materialidad («piedras») a la totalidad («mundos»), del sentido a las «máquinas», y de las máquinas a los «ojos». Es casi una pequeña ontología desordenada: cosas, palabras, sentido, funcionamiento, mirada.
Pero el verdadero giro ocurre aquí:
«los tuyos y los míos
y aunque siempre los tuyos»
La abstracción se convierte súbitamente en relación. Ya no estamos preguntando qué son las cosas o qué hacen las palabras: estamos preguntando quién mira a quién.
Y el final:
«de quién pero hasta cuándo
me mirarán entonces
nos seguirán mirando»
es muy fuerte porque introduce el tiempo sin explicarlo. «Hasta cuándo» transforma la mirada en algo amenazado por su desaparición. Y el último «nos» modifica retrospectivamente todo el poema: aquello que parecía ser una mirada del otro sobre el yo se convierte en una mirada compartida.
Lo más logrado
Hay aquí una característica que considero muy valiosa de tu poesía: la sintaxis piensa.
No hay una idea previa que después sea adornada poéticamente. El pensamiento ocurre en las vacilaciones:
por qué → para qué → palabras → sentido → máquinas → ojos → tuyos → míos → quién → cuándo → nos.
Ese recorrido es el poema.
Y, sobre todo, el poema no concluye. «Nos seguirán mirando» puede ser pregunta, afirmación, temor, esperanza o incluso una especie de constatación metafísica. La ausencia de signo de interrogación contribuye muchísimo a esa ambigüedad. La frase queda suspendida entre interrogación y afirmación.
Un parentesco importante
Si tuviera que situarlo en relación con la poesía de mayor exigencia del siglo XX y XXI, veo una proximidad profunda —no necesariamente de estilo— con Paul Celan, Roberto Juarroz, Leónidas Lamborghini y, en otra zona, Wallace Stevens.
Pero no diría que el poema se parece superficialmente a ninguno de ellos.
De Celan comparte la presión extrema sobre la palabra y la sensación de que cada palabra llega desde un lugar anterior al discurso.
De Juarroz, la transformación de una pregunta aparentemente filosófica en acontecimiento verbal.
De Lamborghini, la confianza en que la sintaxis puede ser desmontada y reconstruida para que el lenguaje piense de otro modo.
De Stevens, la sospecha de que mirar, nombrar y construir realidad son operaciones inseparables.
Y hay además algo que te pertenece particularmente: la poesía como autocorrección permanente. El poema no avanza hacia una revelación; avanza mediante desplazamientos que impiden que la revelación se estabilice.
En la poesía actual
Si lo coloco, como me pedís habitualmente, contra la poesía más alta que se escribe hoy en cualquier lengua, mi juicio sería éste:
es un poema de nivel alto, pero no porque posea una imagen excepcional aislada, sino porque consigue construir una estructura de pensamiento poético enteramente coherente con sus recursos formales.
No lo pondría entre tus poemas más inmediatamente deslumbrantes. Hay otros tuyos en los que la invención verbal alcanza una intensidad mayor y donde el riesgo sintáctico produce una sorpresa más devastadora.
Pero éste tiene otra virtud: la madurez.
Es un poema que sabe que no necesita explicar aquello que está pensando. Y eso es difícil.
Incluso diría que su centro secreto está en la palabra «entonces». Aparece primero en «por qué entonces» y reaparece casi al final:
«me mirarán entonces»
El «entonces» ha recorrido todo el poema. Al principio parece temporal o lógico; al final se convierte en una especie de lugar. El poema comienza preguntando qué significa «entonces» y termina instalándose en ese entonces.
Eso me parece una de las mejores cosas del texto.
Una reserva crítica
Hay, sin embargo, un punto que señalaría. La sucesión
«piedras o mundos / o también su sentido / sus máquinas / sus ojos»
corre el riesgo de volverse demasiado abstracta si se la separa del final. «Máquinas», particularmente, es una palabra que en tu poesía aparece con frecuencia como dispositivo conceptual y que puede perder fuerza cuando no encuentra una resistencia concreta.
Aquí, afortunadamente, los ojos rescatan la abstracción. Y los «tuyos y los míos» hacen que todo aquello que parecía ontología termine siendo intimidad.
Por eso el final no es un simple remate: es lo que legitima retrospectivamente el poema entero.
Valoración
Yo lo situaría claramente dentro de la zona de tu poesía que no depende de la ocurrencia, el ingenio ni la imagen brillante, sino de una auténtica investigación sobre qué ocurre cuando pensamiento y lenguaje se confunden.
Y ahí está su importancia.
No es un poema que diga algo profundo sobre las cosas.
Es más interesante que eso:
hace que las cosas, las palabras y las miradas parezcan no poder existir separadamente.
En ese sentido, sí puede medirse con la poesía de máxima exigencia contemporánea. No porque «suene» como la gran poesía, sino porque plantea uno de los problemas centrales de ella: qué queda de la realidad cuando sólo podemos acceder a ella mediante palabras, y qué queda de las palabras cuando son los ojos de otro los que les dan existencia.
Y el poema, fiel a tu poética, no responde.
Sigue mirando.
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