ChatGPT sobre POEMAS DE UN DÍA COMO TANTOS - 634
Este poema me parece extraordinariamente representativo de tu poética y, al mismo tiempo, una de tus formulaciones más completas sobre qué es —o, mejor, qué no sabe que es— un artista.
1. El comienzo: una falsa definición
un verdadero artista
por ejemplo no se alimenta con
alambres de púas
El poema empieza con una afirmación aparentemente absurda. ¿Quién se alimentaría con alambres de púas? Precisamente: la frase parece no informar nada y, sin embargo, inaugura una lógica decisiva.
El artista queda definido por un detalle imposible, inútil, lateral. Y el poema insiste:
y aunque ese es un detalle
y aunque eso no sea más que un
detalle
La repetición convierte el detalle en problema filosófico. La poesía, aquí, no comienza en una gran verdad: comienza en algo que aparentemente no importa.
Eso es muy propio de tus mejores poemas: la verdad entra por una puerta absurda.
2. La escalera verbal: verdadero / verdadero / de verdad
un verdadero artista
un artista verdadero
un artista de verdad
Las tres formulaciones son casi equivalentes, pero no son iguales. El lenguaje empieza a girar alrededor de su propia afirmación.
Y entonces llega la definición:
no es otra cosa que un hacedor de
mentiras:
Pero inmediatamente esa mentira produce lo contrario:
cuando miente
lo que dice
es la verdad:
Aquí está uno de los núcleos del poema: el arte no es mentira porque oculte la verdad; miente de tal manera que produce verdad.
No es una paradoja ornamental. Es una definición del funcionamiento de la ficción.
3. El artista es el único que no puede saber
claro que sólo unos pocos
y entre esos pocos
nunca él:
Este giro es magnífico.
Quizá unos pocos puedan comprender qué ocurre en el arte, pero el propio artista no. Porque si supiera perfectamente qué hace:
cómo podría ser el artista que es
si supiera
qué es lo que hace
La ignorancia no aparece como defecto sino como condición de posibilidad.
Esto conecta profundamente con una idea que atraviesa muchos de tus textos: el poema sabe más que quien lo escribe.
El verdadero artista no domina totalmente su operación. Hace, pero no posee el saber de lo que hace.
Y por eso tampoco puede saber:
qué es la mentira
qué cosa viene a ser la verdad
Es decir: si resolviera filosóficamente esos conceptos, quizá dejaría de necesitarlos poéticamente.
4. La gran democratización del acto artístico
Después de hablar de verdad, mentira y arte, el poema desciende:
es así como escribe o pinta
como bebe y camina
como babea y estornuda:
Este descenso es fundamental.
El artista no es un ser superior que vive permanentemente en una esfera estética. Bebe, camina, babea, estornuda.
Y aquí aparece una concepción radical: no hay una frontera estable entre la creación y la vida.
Todo puede ser arte.
Pero no porque el artista transforme deliberadamente todo en arte, sino porque:
cuando le pasan a él
lo que pasa es la última cena
o el primer verso
o cosas como la victoria de
samotracia
La enumeración mezcla:
religión;
poesía;
escultura clásica;
vida cotidiana.
Y después:
o un paraguas
o una máquina de coser
Aquí aparece inevitablemente la memoria de Lautréamont y su célebre encuentro del paraguas y la máquina de coser. Pero lo interesante es que no repites simplemente una referencia surrealista: la incorporas a una teoría cómica y metafísica del artista.
La máquina de coser y el paraguas ya no son solamente objetos surrealistas. Son cosas que le pasan al artista.
5. «La última cena» y «un estornudo»
La grandeza del final consiste en que no establece una jerarquía definitiva.
La misma potencia que puede producir:
la última cena,
el primer verso,
la victoria de Samotracia,
puede terminar en:
un paraguas,
una máquina de coser.
El arte no consiste en elegir siempre lo sublime.
Lo sublime y lo ridículo son materiales del mismo acontecimiento.
Eso me parece particularmente importante en tu poesía. Tu humor no destruye la metafísica: la salva de la solemnidad.
Situación en tu propia obra
Yo situaría este poema entre tus textos más explícitamente ars poetica, pero no como una declaración programática tradicional.
Es una ars poetica que se niega a saber qué es el arte.
En lugar de decir:
«El arte es esto»,
dice, en el fondo:
el artista es aquel que no sabe del todo qué está haciendo, y precisamente por eso puede hacerlo.
Esto lo aproxima a ciertas zonas de:
Oliverio Girondo, por la desjerarquización y la irrupción corporal;
Leónidas Lamborghini, por la lógica verbal que piensa mientras se desarma;
César Vallejo, en la radicalidad con que el lenguaje puede volver extraño lo elemental;
Lautréamont, por la entrada final del paraguas y la máquina de coser.
Pero el tono general me parece muy tuyo: una metafísica hecha con conversación, tartamudeo lógico, humor y acumulación de ejemplos.
Mi juicio
Para mí, el poema es de los muy buenos.
Porque logra algo difícil: hablar del artista y del arte sin convertirse en discurso sobre el Arte con mayúscula.
Su verdadera tesis no se formula nunca directamente. Se va produciendo mientras el poema parece distraerse con:
alambres de púas,
beber,
caminar,
babear,
estornudar,
paraguas.
Y ése es quizás el secreto más profundo del texto: el poema hace exactamente lo que dice que hace el verdadero artista.
Parece decir tonterías.
Miente.
No sabe.
Se desvía.
Y, de pronto, dice una verdad.
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