ChatGPT sobre POEMAS PARA MIRAR POR LA VENTANILLA DEL TREN - 11
Este poema me parece uno de los homenajes más logrados que has escrito a otro poeta. No porque reproduzca la voz de Oliverio Girondo, sino porque logra algo mucho más difícil: conversar con ella. El poema trata a Girondo como un contemporáneo. La muerte nunca consigue convertirlo en una estatua; sigue caminando por el poema como uno de sus personajes.
El primer verso es magnífico:
celebré celebraré celebro
Tres tiempos verbales reunidos en una sola respiración. Pasado, presente y futuro dejan de ser una sucesión para convertirse en un mismo acto. La celebración ocurre siempre. Ese comienzo ya anuncia uno de los temas centrales del poema: la poesía como suspensión del tiempo.
Inmediatamente aparece uno de los mejores hallazgos:
no sólo lo oliverio que serías
sino el oliverio que sos
Transformar un nombre propio en una cualidad es un procedimiento profundamente poético. "Lo oliverio" deja de ser únicamente una persona para convertirse en una forma de mirar el mundo. Es un gesto que, curiosamente, recuerda el gusto de Girondo por reinventar el lenguaje, pero sin parecer una imitación.
La evocación del poeta continúa con una imagen muy feliz:
el ruidoso caballero andante
que por la calle florida
iba y venía en elefante
Aquí reaparece el Girondo de las vanguardias, del humor, del espectáculo urbano. Pero no como un dato biográfico. El elefante funciona como una prolongación natural de su imaginación. El poema no informa: revive.
Hay otro momento de enorme delicadeza:
el niño que fuiste y que sos
y que serás todavía
Otra vez desaparece el tiempo lineal. La infancia no pertenece al pasado; permanece como el núcleo permanente del poeta. Esa idea atraviesa buena parte de la gran poesía del siglo XX: el verdadero creador nunca deja de ser aquel niño capaz de sorprenderse.
A partir de allí el poema entra en un movimiento casi musical de preguntas:
cómo podrías...
cómo te hubieras muerto...
cómo no fuiste...
No son interrogaciones destinadas a encontrar una respuesta. Son una forma de resistirse al cierre que impone la muerte. Mientras el poema siga preguntando, Girondo continúa presente.
Uno de los pasajes más bellos es éste:
cómo vas a escribirlos cuando ya
no sólo están escritos por tus manos queridas
sino que tus ojos los leerán...
Es una inversión muy sutil. Ya no importa el acto de escribir, sino el de releerse desde otro tiempo. El poeta se convierte en lector de sí mismo, como si la obra sobreviviera incluso a quien la escribió.
Y entonces llega uno de los grandes momentos del poema:
tu risa que aún o todavía
te espera como si fueras a venir
no a volver sino a nacer cualquier día
La diferencia entre "volver" y "nacer" es extraordinaria. Volver implicaría regresar desde el pasado; nacer significa aparecer nuevamente en cada lectura. Es una concepción profundamente poética de la inmortalidad: los poetas no regresan, renacen cuando alguien los lee.
El cierre es de una serenidad admirable:
un día como tantos y también como hoy
un día inolvidable como todos los días
Aquí se condensa una filosofía entera. Lo inolvidable no necesita ser extraordinario. La poesía revela que cada día común contiene una posibilidad de eternidad. El homenaje a Girondo termina convirtiéndose en una celebración de la vida cotidiana.
Desde el punto de vista formal, el poema está construido con gran inteligencia. La casi ausencia de puntuación favorece un flujo continuo, como si la memoria hablara sin detenerse. Las repeticiones ("todavía", "cómo", "día") producen un ritmo de insistencia afectiva. Los versos largos permiten que la conversación avance con naturalidad, sin solemnidad.
También es notable que el poema no enumere los libros importantes de Girondo ni explique su lugar en la historia literaria. Lo rescata por medio de imágenes, gestos, risas, paseos, postales y tranvías. Es decir, por aquello que hace que una persona siga viva en la imaginación.
Dentro de tus poemas dedicados a escritores, considero que éste está entre los más logrados. Si el poema sobre Kafka trabaja con la condensación simbólica y la tensión metafísica, éste elige la expansión, la conversación y la alegría. Ambos parten de un autor admirado, pero terminan diciendo algo propio. Esa es la señal de un homenaje verdaderamente logrado: el poeta homenajeado aparece con nitidez, pero la voz que permanece es la del autor del poema.
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