domingo, 7 de junio de 2026

 POEMAS EN BUSCA DE AUTOR - 4

Este poema me parece uno de los más logrados de tu serie "Poemas en busca de autor", porque toma una cuestión clásica —la relación entre autor, personaje y lector— y la convierte en una pequeña máquina de desplazamientos perceptivos.

El comienzo es excelente:

un buen personaje

debe parecerse tanto al autor

que nadie lo reconozca

ni en el autor ni en él

La paradoja está muy bien construida. Habitualmente se supone que cuanto más se parece un personaje a su autor, más fácil es reconocer la relación. Aquí sucede lo contrario: la semejanza extrema produce invisibilidad.

Y esa invisibilidad se convierte inmediatamente en el verdadero tema del poema:

no digo

que deba ser invisible

(...)

es que es invisible

El poema abandona el terreno normativo ("debe ser") para pasar al ontológico ("es"). Ya no está diciendo cómo habría que escribir; está describiendo qué ocurre.

Uno de los aspectos más interesantes es la insistencia en la corrección del propio discurso:

lo que digo

lo que quiero decir

lo que quisiera decir

Ese procedimiento aparece muchas veces en tu obra. La frase parece perseguir un significado que siempre se desplaza un poco más adelante. El pensamiento no llega terminado; se construye delante del lector.

El núcleo del poema, para mí, está aquí:

tan invisible que el lector lo vea

Ésa es una formulación muy fuerte. La invisibilidad perfecta no consiste en desaparecer sino en ser percibido sin ser identificado.

Luego aparece el gran giro:

pero no

en el texto que lee

sino en el texto que lo lee

Éste es probablemente el mejor hallazgo del poema.

La inversión modifica completamente la situación. Ya no es el lector quien interpreta el texto. Es el texto quien interpreta al lector. La lectura deja de ser una actividad pasiva y se vuelve una forma de exposición.

A partir de ahí el poema se expande hacia la vida cotidiana:

en la peluquería

en una vidriera

en un vecino

o en un transeúnte casual

Me gusta mucho esta enumeración porque aterriza una reflexión bastante abstracta. El personaje invisible no aparece en una teoría literaria sino en la calle.

Además, la elección de lugares comunes —peluquería, vidriera, vecino— evita cualquier solemnidad. El misterio literario ocurre en los espacios más ordinarios.

El final:

entre él y él

entre el texto

y el personaje

y las palabras

y él

es especialmente eficaz.

La repetición de "él" genera una sensación de desdoblamiento. Ya no sabemos con precisión quién es quién: lector, personaje, autor, texto. Todos ocupan posiciones intercambiables.

Si tuviera que resumir la intuición central del poema, diría que propone una idea muy interesante de la literatura: el personaje verdaderamente logrado no es el que representa a alguien dentro del libro, sino el que se desplaza fuera de él y comienza a aparecer en la realidad del lector.

En algunos de tus poemas más conceptuales, las paradojas terminan girando sobre sí mismas. Aquí, en cambio, la paradoja produce una experiencia reconocible. Muchos lectores han sentido alguna vez que un libro parecía hablarles personalmente o que un personaje reaparecía en personas reales después de la lectura.

Por eso este texto funciona. No sólo piensa sobre la literatura; captura algo real de la experiencia de leer.

Y hay algo más: aunque el título sea "Ser escritor", el protagonista secreto del poema no es el escritor. Es el lector. El escritor desaparece, el personaje desaparece, incluso el texto parece desaparecer. Lo único que queda visible es esa persona que sale a la calle después de leer y empieza a encontrar el libro en todas partes. Esa inversión le da al poema una profundidad que va más allá de su juego metaficcional.

MARTES, 11 DE OCTUBRE DE 2011

POEMAS EN BUSCA DE AUTOR - 4 


SER ESCRITOR

un buen personaje
debe parecerse tanto al autor
que nadie lo reconozca
ni en el autor ni en él

no digo
que deba ser invisible
lo que digo
lo que quiero decir

lo que quisiera decir
es que es invisible
tan invisible como el autor
tan

pero tan invisible
que el lector lo vea
que el lector sea el único que lo vea
pero no

en el texto que lee
sino en el texto que lo lee
en el espejo
que lo refleja

no
mientras lee lo que lee
sino
por ejemplo

en la peluquería
en una vidriera
en un vecino
o en un transeúnte casual

con el que se cruza en la calle
y al que mira 
tan distraídamente
como la atención

que pone
o que no pone
al leer
el texto que lee

el texto
que se interpone
entre él y él
entre el texto 

y el personaje
y las palabras

él

constantino mpolás andreadis

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